En la zona de viviendas conocida como Cata, en la ciudad de Guanajuato, hay una Iglesia advocada al Señor de Villaseca de Cata. La historia de la misma es digna de conocerse, no solo por su aspecto histórico y arquitectónico sino por las leyendas y folclor que alrededor de ella se han ido formulando, y que incluso hoy día continúan siendo parte del imaginario colectivo no solo de la ciudad, sino incluso del completo estado de Guanajuato.
Con una fachada de estilo churrigueresco, y un interior del estilo barroco sobrio, el templo fue construido en 1725. Cuenta con tres naves, la central de 5 tramos, con el crucero y cúpula en el cuarto de ellos. De la nave izquierda tenemos una torre en la fachada con un cristo cargando su cruz, y una portada lateral en el segundo tramo, lugar donde termina dicha nave. La nave derecha cuenta con una pequeña capilla interna en devoción a una Virgen Dolorosa.

La iglesia en general está plagada de ex votos y peticiones al Señor de Villaseca, pero ¿de dónde proviene dicha devoción?
Se puede preguntar a la misma gente que visita el lugar, o en este caso, a los trabajadores. Guanajuato se caracteriza por ser una ciudad minera, y cuando esta empezó a decaer, se volvió una ciudad turística por su historia y folclor. Cuando una mina con veta rica en oro o plata (que es la mayor producción de la zona) era encontrada, se construía un centro de agradecimiento a Dios. Así que en este caso, cuando se encontró la mina de Cata, el señor Don Alfonso de Villaseca, proveniente de España y con negocios mineros en Ixmiquilpan y Zacatecas, mandó a traer un tercer Cristo en agradecimiento a la veta encontrada en Guanajuato. Si bien don Alfonso realizó dicha petición después de 1545, fue un descendiente suyo quién instaló el Cristo en una capilla en 1618, donde se concluyó el templo hasta 1725 y que durante todo ese proceso fue adquiriendo el nombre de Señor de Villaseca.
Es por tanto una Iglesia para devoción de mineros y trabajadores por excelencia, para aquellos que se esfuerzan por construir, en contraposición por ejemplo al Templo de la Valenciana, con retablos en Oro y a la que acudía en su mayoría las clases altas y adineradas de la ciudad.
Si bien existe (aun hoy día) el rumor de que alguno de los Cristos en su interior tiene una estructura hecha con huesos de un minero como muestra de la devoción que dicha clase trabajadora le tendría al Señor de Villaseca, es mas contada otra leyenda de la época colonial del siglo XVIII.
Un grupo de campesinos aceptó la invitación de trabajar en la frontera norte, dejando su vivienda y familias en Guanajuato para llegar a una hacienda algodonera. Se les había ofrecido comida para la cena, la cual nunca llegó, y se les pidió permanecer en un galerón cerrado “por su seguridad”. Sin embargo, al escuchar goteos en una puerta de la esquina, se aproximaron a abrirla para encontrar en un patio varios cuerpos humanos colgados de los pies, y sin cabeza. La sangre iba cayendo en recipientes, y ellos sintieron ser los próximos en pasar dicha suerte. Se encomendaron al señor de Villaseca, y aunque no se conocen detalladamente como, escaparon y volvieron muy malogrados a sus hogares. Resulta que dicha sangre era utilizada para colorantes que se vendían de manera muy redituable.
No es solo esta leyenda. Hay una razón por la que el templo, y en especial la capilla adjunta, siempre está cuidada y llena de flores hasta el día de hoy, pero es necesario ahondar en ella en otro texto y terminar el presente con el dato de que, el señor de Villaseca traído desde España, es de piel morena. Y a sus milagros y su portador se le han hecho varios corridos en agradecimiento por parte de los grupos de mineros, y como ejemplo este fragmento de Agustín Lanuza, basado en los corridos y coplas populares de Cata:

“Dicen antiguas historias
que en mil quinientos cuarenta,
hubo un noble toledano
que fue célebre en América,
por los muchos beneficios
que impartió con sus riquezas,
por su talento y virtudes
y sus costumbres austeras
Ese noble se llamaba
Alonso de Villaseca,
hombre de adusto carácter;
pero de ejemplares prendas.
Aunque se meció su cuna
en la mayor opulencia,
no tuvo apego en la vida
ni al fausto ni a las riquezas.
Cifró toda su ventura
en hacer obras benéficas,
y en los negocios de minas
alcanzó fortuna inmensa.”

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