arpaUn arpa o liakashin que los totonacos de la Huasteca poblana usan en los rituales de petición de lluvias y culto a los cerros, fue donada este domingo al Museo Nacional de Antropología (MNA). Se trata de un instrumento musical de 23 cuerdas que están elaboradas a base de tripas de mapache y zorrillo.
La pieza fue entregada luego de haber sido ejecutada por primera vez por los músicos totonacos Francisco Diego Rodríguez y Manuel Santiago Isabel, en una ceremonia en el recinto museístico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), para ser integrada a la Colección Etnográfica que reúne más de 52 mil piezas de más de 60 grupos indígenas que existen actualmente en el país.
Leopoldo Trejo Barrientos, investigador del MNA, explicó que el arpa fue donada por un carpintero y un grupo de músicos totonacos, que habitan en una pequeña comunidad indígena enclavada en la Sierra Norte de Puebla, municipio de Pantepec, región de la Ceiba Chica. Allí, precisó, conviven indígenas teneek, nahuas y totonacos, para quienes los instrumentos musicales son seres con vida propia.
A diferencia de las arpas de la costa del Golfo, cuya altura es de 1.20 metros y tienen de 25 a 29 cuerdas metálicas, la donada no mide más de 80 cm. y tiene 23 cuerdas que están elaboradas a base de tripas de mapache y zorrillo.
Este instrumento es usado en los rituales de costumbre, relacionados con el ciclo de reproducción del maíz, principalmente cuando la siembra es amenazada por plagas y sequías. También se ejecuta para agradecer algún beneficio recibido, y en fechas especificas como los días de la Candelaria, de la Santa Cruz  y Año Nuevo.
Leopoldo Trejo indicó que la travesía de esta arpa o liakashin comenzó hace tres años, con el trabajo de campo que él realizaba en aquella zona montañosa. “Estas arpas se encuentran en proceso de extinción, porque hoy día no suman más de seis los músicos totonacos o ashinukan —mayores de 60 años de edad— que saben tocarla y recuerdan con precisión los sones que se ejecutan en cada rito.
“El arpa ya es inusual en estos pueblos de la Huasteca porque se ha suplido por guitarras, jaranas y violines. Los instrumentos en mayor peligro de desaparecer son los coloniales como esta arpa, y los prehispánicos como los silbatos sonajeros y las flautas de barro, también los de percusión como el teponaztle.
“Esta pérdida es producto de la globalización en la que los grupos indígenas están dejando de lado su identidad, principalmente la población joven”.
Convencido de la importancia de este instrumento, el investigador del INAH entabló contacto con un grupo de músicos que aún utiliza este tipo de arpas, quienes a su vez convencieron a un carpintero quien trabajó ocho meses los troncos de roble, que dieron origen a dicho instrumento que fue trasladado a la Ciudad de México desde la sierra poblana.

Al arpa se le asignará un número de registro y será expuesta en una vitrina en las salas de etnografía. “El ingreso del instrumento coincide con el proyecto de rotación de piezas en exhibición mediante la inclusión de nuevas”, concluyó a su vez Alejandro González Villarruel, subdirector de Etnografía, del Museo Nacional de Antropología.

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