Gastronomia (33)
Gastronomía
El pascal es un platillo prehispánico y aquí lo tenemos con una receta veracruzana, Provecho.
Ingredientes:
- ¼ kg. de Ajonjolí,
- 3 Chile color o anchos,
- 4 Ramitas de cilantro,
- 1 kg. Frijol tierno de vaina (chichimikel), se puede sustituir con frijoles güeros hervidos,
- 3 kg. de masa,
- 300 gr. de manteca,
- Sal al gusto,
- Hoja de tamal de maíz y
- Caldo de pollo.
Preparación:
Se tuesta el ajonjolí y se muele en seco, el chile ancho se tuesta, luego se hierve y se muele aparte. Ya molido se sazona en un poco de aceite y se vacía el ajonjolí molido. Los frijoles ya cocidos en caldo se van agregando poco a poco a la mezcla hasta espesar, se le pica suficiente cilantro y cuando hierve el guisado se sazona con un poco de sal.
Preparación de la Masa:
Se bate bien añadiéndole la manteca, poco de sal, sin que quede muy espesa o muy líquida, el secreto es, que si la masa espesa demasiado se le añada caldo de pollo.
Rellenar las hojas de maíz (totomoxtle) previamente lavadas y remojadas, con un poco de masa y guisado para que no se salga, doblarlas hasta formar los tamales y colocar en una vaporera.
Varios de los hornos se establecieron en el barrio de Analco, y eran una de las manufacturas en las que intervinieron libremente los indígenas.
Las tradicionales cemitas fueron uno de los tipos populares de pan y en la actualidad siguen elaborándose casi de la misma forma.
El horno de cemitas tiene su sala de amasijo y peso; ya acomodadas, las piezas se espolvorean con ajonjolí. Los panes, sobre láminas, se meten al horno mediante grandes palas de madera.
Una vez cocidos se sacan y se ponen a enfriar sobre la dura piedra de las salientes del mismo horno. Este pan era uno de los más baratos de la ciudad y junto con el panbazo se expendía en la plaza pública, donde se le podía ver acomodado en canastos repletos. Allí, los cemiteros lo preparaban abriéndolo y rellenándolo de queso de rancho, aguacate criollo, cebolla y pápalo. Se le añadía también barbacoa, pollo o pata de puerco encurtida con sus chiles jalapeños o chipotles.
Su preparación es sin duda una popular tradición poblana.
El convenio de las dominicas estaba lleno de angustia. Todas las monjas no hacían más que apretarse las manos, peligraba la buena y noble fama del convento.
El virrey estaba en Puebla de los Ángeles y todos los conventos y beaterios le habían mandado guisos extraordinarios para su mesa, pero del convento de santa Rosa aún no le habían enviado nada.
Todas las monjas envolvían en miradas a Sor Andrea de la Asunción, que poseía las pulidas manos de ángel para aderezar los manjares, pero a Sor Andrea no se le ocurría ningún portento.
Sor Andrea con alma gozosa a la cocina, refulgente de azulejos, y aderezaba suculentas, esplendorosas maravillas. "También el Señor anda por los pucheros", dijo la Santa Madre Teresa de Jesús.
Sor Andrea de la Asunción era exquisita maestra en todas las refinadas artes de la gula; había hecho excelsas invenciones, en que, sin duda, ángeles y querubines pusieron el celeste milagro de sus manos; aquellas calabacitas en nogada; aquel estupendo almendrado de carnero, aquel salmorejo de carne de puerco; aquella fragante carne también de puerco en granadino y la misma en envinado de piña; aquellos sublimes frijoles refritos de ocho cazuelas, y los suculentos pichones a la criolla y los pichones tapados y los de príncipe enyervados, con toda una larga gama de sabores. Todo esto era para morirse delicadamente de dicha.
¿Y qué decir de sus gloriosos potajes, en los que estaban vivos los siete dones del Espíritu Santo, y de sus insignes empanadillas de afiligranados y prolijos repulgos, rellenas ya de sesos con tomate o de picadillos maravillosos, y de su insuperable pipián de almendras, y de su estofado, y de su adobo magistral en salsa de la buena mujer, y de su carne de cerdo en caldo de ángeles, y de su mancha manteles, y de su conspicuo empiñonado de gallina, en el que intervenía directamente Nuestra Señora la Virgen María?.
Las monjas de Santa Rosa sabían a diario lo que enviaban al señor virrey, estaban mansamente desesperadas, llenas de consternada tristeza.
Sor Andrea de la Asunción quería mandar a su Excelencia un plato exquisito, delicioso, en que estuviera el espíritu de México palpitando en toda su finura graciosa; De pronto empezó a sentir Sor Andrea un suave zumbido interior que a veces se transformaba en una delgada voz que le decía con claridad, lo que deseaba.
¿Qué rico guisado iría a descubrir Sor Andrea de la Asunción? "El descubrimiento de una vianda nueva importada más para la felicidad del género humano que el descubrimiento de una estrella", escribe el maestro Brillas Savarín. Todo el convento de Santa Rosa temblaba en una dulce angustia, esperando la dicha de aquel nuevo manjar.
Pasó Sor Andrea el domingo de quincuagésima queriendo fijar aquellas leves hablas interiores, aquel runrún misterioso con que zumbaba en su alma de abeja de la gracia. El lunes Sor Andrea se fue rápida hacia la cocina; llevaba ya encendida una gran idea.
Le palpitaba la cruz del pecho; una sonrisa inefable se le difundía, iluminandole el rostro; resplandecían con su santo regocijo sus grandes ojos aterciopelados. Entró en la cocina. Los azulejos del techo de tres bóvedas, blancos, y cada uno con el temblor de una lucecita; Los azulejos le sonreían con sus reflejos numerosos y claros; las cacerolas, los peroles y cacharros de cobre pulido y repulido la reflejaron con cariño, felices de tenerla entre cada uno, blanca y mínima. Sor Andrea, pensativa, se acercó al fogón. Ya iba a florecer la gracia de lo maravilloso. Le iba a dar Sor Andrea el arte culinario de México nuevas e insignes perfecciones.
La tarde anterior había mandado matar Sor Andrea un guajolote que engordaron en el convento con nueces, castañas y avellanas, y que destinaban para guisárselo al señor obispo. En una bandeja estaban ya cortadas las piezas, Inspirada cogió Sor Andrea de un pote vidriado chile ancho; de otro, chile mulato; de una caja michoacana, negra y rameada, sacó chile chipotle; y de otra hizo una cuidadosa y nimia selecci.
En México se preparan riquisimas bebidas, dulces y postres de manera natural, lo cual resulta más apetitoso y muy fácil de preparar. Se recomienda cocinarlas con poca azúcar.
Se recomienda comerlo una vez por semana y al comprarlo, cuide que este fresco con ojos y escamas brillantes, con agallas de un color tierno y con olor suave.
Es preferible comprar el pollo por pieza y no entero, aunque depende de la comida por preparar.
La carne de ave es menos pesada de digerir pues su grasa se encuentra especialmente en la piel del animal.
Con un poco de imaginación y gusto puede utilizar todas las piezas de las aves para crear platillos refinados, económicos y fáciles de hacer.
Con un poco de jamón se puede preparar una comida sabrosa y rápida.
La carne de puerco es peligrosa si no se cuece el tiempo adecuado para eliminar los parásitos que usualmente contienen y que pueden provocar enfermedades mortales.
Hay que saber comer verduras. Con ellas se hacen ensaladas, salsas, guarniciones y entremeses.
Todos los platillos preparados con ellas son sabrosos, nutritivos y resultan económicos.
Hay muchas formas de prepararlos, para el desayuno, el almuerzo, como entremés o comida principal.









