La Comida en el México Antiguo (18)
El arroz traído del oriente prendió con tanta fuerza en nuestro país como lo hiciera el trigo. Hoy no hay comida mexicana que no incluya la sopa seca conocida como arroz a la mexicana.
México colonial.
La casa del alfeñique es famosa en Puebla porque sus estructuras de estuco reproducen las variadas formas de los dulces conventuales. Las más diversas formas y colores, los más extraños y deliciosos casamientos hicieron de este arte repostero, el arte colonial por excelencia.
Asociado a la paciencia de las monjas, el mole exige tiempo de preparación y un ingenio singular. Es un producto eminentemente mestizo. Mole quiere decir triturar, desmenuzar. En su proceso de preparación sus ingredientes se hacen polvo, para formar una pasta donde quedan mezclados. Se unen de tal forma, que la almendra y el ajonjolí árabes, se matrimonian a la perfección con el chile, chocolate y el guajolote prehispánicos.
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El Aceite en la comida y el Azúcar en Bebidas y Alcohol
por RedacciónEl aceite sirvió para preparar todo tipo de caldillos en los que reinaba el jitomate molido en molcajete, junto con el ajo y la cebolla traídos de España, y, asociados con el chile, los alimentos adquirieron una nueva gama de sabores y refinamientos.
Otro producto importante para la economía y alimentación de la Nueva España fue la caña de donde se producía el azúcar.
El azúcar morena adornaba la mesa hasta de los más humildes. Las trompadas, redondas y silenciosas guardan la nostalgia de los dulces coloniales. El azúcar servía también para preparar bebidas. En grandes haciendas se destilaba un producto clandestino y censurado : el chinguirito, aguardiente de caña de sabor duro y fuerte, preparado con agua y miel.
También bebían el tepache y pulque, la bebida más popular en la colonia.
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Cortés trajó el puerco que se aclimato rápidamente. La leche y el cuero cambiaron aspectos de una cultura que no conocía la leche y que tardó en adaptarse a ella pues se descomponía fácilmente y provocaba enfermedades del estomago.
El sabor de la carne de res era fuerte. La mejor forma de utilizar la leche fue añadiendola al azúcar para hacer postres y conservarla mezclada con almendra, piñones o arroz.
En México existían chiles de todas clases y algunos de ellos se llevaron a Europa convirtiendose en pimiento dulce o la paprika.
De México proceden también la vainilla y el aromático epazote, pero aquí llegaron y se quedaron la canela, la pimienta blanca y la negra, los cominos y el orégano.
Aun así el chile sigue siendo nuestro condimento básico tanto por su abundancia de vitaminas como sus propiedades medicinales.
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En lugar del teocali se edificaron iglesias y conventos en los que vivieron frailes, que enseñaron a los indígenas otros cultivos y técnicas de conservación y preparación de los alimentos.
Los conventos de monjas aparecidos hacia el siglo XVII, aportaron a la comida mexicana los primores de los postres y el refinamiento de los moles.
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Los indígenas probaron el aceite y otras grasas, también el vino y aderezaron su comida con vinagre. Surge comida refinada.
El chocolate ya no servia como moneda, era una bebida suave para los curas y señoritas. De las tortillas irían surgiendo los diversos antojitos: tostadas, garnachas, pellizcadas, sopes...
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Después fueron llegando de España distintos tipos de ganado, la caña de azúcar, semillas de distintos cereales. Había comenzado el Mestizaje.
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Muchos productos fueron combinandose, así la flor de calabaza empezó a capearse con huevo y harina y freírse en aceite, mientras que las rajas de chile nadaban felices en medio del caldillo de jitomate aderezado con su rama de epazote. El pollo se hacia en mixiote con tomates, cebolla y chile ancho.
La jícama mezclada con el betabel europeo se preparaban en ensalada. Sin olvidar el delicioso guacamole hecho de aguacate y jitomate mexicanos y de cebolla y perejil europeos.
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La mujer preparaba el nixtamal dejando toda la noche el maíz en agua con tequesquite para molerlo al día siguiente el metate. Luego tomaba la masa y con las manos mojadas la palmeaba hasta hacer un circulo perfecto para colocarla en el comal, calentado en un pequeño brasero. Cuando las tortillas estaban cocidas, las rellenaba con frijol y las condimentaba con chile.
La alimentación de quienes vivieron en esas épocas en México, era muy sencilla, pero en fiestas se volvía espléndida, diversa y abundante.
Daban fiestas para calmar a los dioses, para los nacimientos, bodas y la muerte. Es estas fiestas se mataban guajolotes, se hacia barbacoa y pozole. Decenas de mujeres servían los guisados y echaban tortillas todo el tiempo. Para acompañar se servían jícaras de pulque y se tomaba chocolate.










