Su Legado: Los Caballeros de Colón
A través de los Caballeros de Colón, el Padre McGivney dio a los laicos católicos una nueva oportunidad: la posibilidad de crecer en santidad mientras contribuían con sus parroquias, sus comunidades y con la seguridad de sus familias. Hoy, cada vez más líderes de la iglesia están reconociendo su genio espiritual en animar al laicado.
Los Caballeros de Colón han crecido hasta tener más de 12.000 unidades locales en Estados Unidos, Canadá, Filipinas, México, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Bahamas, Islas Vírgenes, Guatemala, Guam y Saipán. Durante la última década, los Caballeros han reunido y donado casi 1.000 millones de dólares para beneficencia y han brindado casi 400 millones de horas en servicio humanitario.
Los Caballeros donaron 1 millón de dólares a las Olimpiadas Especiales para enviar atletas de Estados Unidos, Canadá y México a los Juegos de Verano internacionales de 2003, en Irlanda. Proveyeron 2.000 sillas de rueda para víctimas de minas terrestres y personas con discapacidades en Afganistán. La naturaleza de la mayoría del servicio de los Caballeros se determina localmente. Por ejemplo, los Caballeros de Illinois han ideado un sistema sofisticado para brindar financiación sin intereses para hogares grupales para personas con discapacidades de desarrollo; los consejos en Filipinas realizan habitualmente clínicas médicas y dentales gratuitas para los pobres.
Dondequiera que existan, los Caballeros continúan la tradición de apoyo a los obispos y curas párrocos ejemplificada por el Padre McGivney. Cada año, decenas de miles de católicos asisten a los programas de la Hora Mariana de Oración, servicios de oración del Rosario y misas provida que patrocinan los Caballeros.
El Padre McGivney fundó los Caballeros de Colón como una sociedad de beneficios fraternal que ofrecía seguros de vida de bajo costo para familias inmigrantes que enfrentaban la indigencia si moría un sostén económico. Hoy los Caballeros de Colón tienen más de 50.000 millones de dólares de seguros de vida vigentes. Su programa de seguros ha recibido las calificaciones más altas posibles, tanto de A.M. Best como de Standard & Poor’s.
Alimentando Vocaciones
Las familias de inmigrantes irlandeses de mediados del siglo XIX introdujeron una reverencia por el sacerdocio y las vocaciones religiosas en el tejido de la vida cotidiana. Consideraban que una vocación sacerdotal o religiosa era una gran bendición. Patrick y Mary McGivney probablemente no se sorprendieron cuando su hijo mayor, Michael, anunció su deseo de ser sacerdote.
El Padre Michael McGivney alentaba las vocaciones sacerdotales y religiosas entre sus parroquianos. De las siete cartas escritas por el Padre McGivney que se han preservado, tres tratan con candidatos para el sacerdocio y la vida religiosa.
El hogar McGivney brindó un semillero para las vocaciones sacerdotales; Michael y sus hermanos Patrick y John fueron todos ordenados para la Diócesis de Hartford. Los hermanos McGivney, a su vez, formaron una fuerte unidad familiar que alimentó el crecimiento temprano de los Caballeros de Colón.
Hoy, de forma muy parecida, los Caballeros de Colón alimentan nuevas vocaciones. Bajo el Programa de Reembolsos por Apoyo de Vocaciones (RSVP), unidades locales "adoptan" a seminaristas y postulantes, a menudo miembros del consejo o hijos de miembros del consejo. Los Caballeros mantienen correspondencia e intercambian visitas con sus seminaristas y postulantes. También ofrecen asistencia financiera, típicamente $500, de los cuales $100 son reembolsados por el Consejo Supremo de los Caballeros de Colón. Más de 2.000 unidades locales de los Caballeros de Colón apoyan a personas que estudian para la vida religiosa, contribuyendo más de 2.3 millones de dólares en apoyo. Las jurisdicciones a nivel de estado realizan una gran cantidad de programas que promueven las vocaciones.
La fundación de los Caballeros de Colón fue una expresión de la vocación del Padre McGivney como un alter Christus, otro Cristo. Él quería ayudar a los hombres católicos a acercarse a Jesús y María. Su orden fraternal sería un instrumento para el crecimiento espiritual en fe y caridad cristiana. Y sigue siéndolo.